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El Testimonio de su hijo Fernando
A 22 años de su desaparición

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La segunda mujer de mi viejo me contó como fueron las cosas. Estaban la señora, el hijo durmiendo y una tía de la señora, todos acostados. Él en pijama. No podía escapar por ningún techo como hacían en el sindicato de la calle Rincón , que venía la cana y empezaban a escaparse todos por los techos, hay anécdotas espectaculares, caían en una lavandería cercana, se metían debajo de las sábanas y uno los sacaba en carrito, disfrazado de lavandero. Eran otras épocas.

Levantaron a mi viejo. Empezaron a interrogarlo, lo querían rebajar. Así que vos criticaste tal y cual cosa en la Federación de Box, le decían. Si, decía él, dije esto, esto y esto, fue un acto público, está en cualquier diario. Y en el Luna Park, ¿te acordás lo que dijiste ahí?, le decían. Sí les doy y les voy a seguir dando por el resto de mi vida, dijo él. La patota se robó el aguinaldo de mi viejo, el aguinaldo de su señora, se llevaron un par de sidras calientes, se robaron una radio, normal. A la señora le dijeron que lo llevaban a la comisaría, "no va a haber problema, a las 8 de la mañana está de vuelta". Mi viejo no se la comía ni por casualidad. Dice: "Quiero saludar a mi señora al menos", se le acerca y le pide que avise a Horacio, un compañero del sindicato. A mí viejo se lo llevan a la una de la madrugada y Horacio estaba ahí a las dos. A las 8 ya había presentado un recurso de habeas curpus. Después, la incertidumbre. Yo iba todos los días al sindicato a ver que se sabía, si lo blanqueaban, si aparecía en Caseros o en Devoto, en una comisaría, en algún lado, así todos los días. Fueron pasando los días, los meses y pasaron los años. Los compañeros del sindicato eran los que se movían buscándolo... Los compañeros golpeaban todas las puertas que podían. Llegaron a la marina y dijeron: "Lo único que queremos es que a Jorge lo pongan en un avión, lo dejen ir y nosotros nos quedamos de rehenes acá por cualquier declaración que él pueda hacer en el exterior sobre este gobierno".

"¿Ustedes están dispuestos a hacer eso?", les dijo el milico, "Eso y mucho más". Le dijeron los compañeros. "Pero Di Pascuale estuvo en China", dijo el milico. Y Horacio le dijo: Él nunca estuvo en China". Y el milico le dice: "¿Me lo va a decir a mí?". Y Horacio: "Yo a usted le puedo decir eso y mucho más y el nunca estuvo en China, estuvo en Cuba enviado por Perón". Perón lo había nombrado su delegado para los países socialistas. Le encargó ir a Cuba y hablar con Fidel Castro, que estaba en la zafra y no lo pudo atender. Entonces lo atendió el Che Guevara. Mi viejo también estuvo en Yugoslavia y otros países.

Durante el 77 fue cuando más se movieron los compañeros del sindicato. Llegaron hasta el Papa, el gobierno militar recibió más de 60 telegramas pidiendo por mi viejo. Horacio entrevistaba a las delegaciones de la CLAT y otras de trabajadores que venían y les decía: "pidan por Jorge".

Mi esperanza era que el viejo algún día iba a aparecer, que lo iban a largar, a blanquear, siempre la esperanza fue esa. Hasta ayer. Este año tomé conciencia de que lo habían matado. Un compañero de trabajo me había dicho que a mi padre lo torturaron mucho, que se ensañaron con él. Por qué querés saber, me preguntó. Le dije que quería saber quién lo mató, cómo, dónde estaba su cuerpo, darle una cristiana sepultura. Fue un coronel, me dice. Yo pensé que moría en ese momento.

Recién este año me di cuenta. Siempre pensé que seguía preso, no lo veía en el exterior sin avisarnos, no era su estilo. A mi viejo lo secuestraron gente de Camps y lo llevaron a "el banco", allí lo vio un sobreviviente. Animaba a los detenidos ante tanto horror, que él mismo padecía.

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