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El Testimonio de su hijo Fernando
A 22 años de su desaparición

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En el año 77 o 78 viene al sindicato una mujer diciendo que la hija había estado desaparecida con mi viejo, que mi viejo la ayudó, la consoló, le decía que con ella se habían equivocado, que iba a salir en 15 días y lo único que le pidió es que avisara a los muchachos del sindicato que lo había visto. La chica había quedado aterrorizada, es la madre la que va al sindicato y cuenta que no sabe dónde, pero que su hija había visto a mi viejo con vida.

Consigo el teléfono y voy a la casa, me recibe la madre y cuando la chica aparece, no sé lo que sentí, le miraba los ojos y pensaba que con esos ojos había visto a mi viejo. Ella no sabía dónde había estado. Le empecé a pedir detalles. Me dijo que el lugar era una sala muy grande dividida por una reja, de un lado los varones, del otro las mujeres. Que era como un sótano, porque la habían hecho bajar.

Me contó que mi papá caminaba como un viejito de tanta picana que le habían metido en los testículos, que sentía un dolor muy grande en la espalda. Le pregunté como estaba él psicológicamente. "Bárbaro", me dijo. Cuando la llevaron al campo la metieron en un buzón, uno de esos calabozos tan pequeños que uno tiene que estar parado, y lloraba. Lloraba y en eso escucha que del otro lado le preguntan porque lloraba y siente, me dice ella, como si hubiera sido la voz del padre, una voz que le dio una gran tranquilidad. Era mi padre... Tenía el casco pelado y en las sienes el pelo blanco y ralo. La cosa me mataba. Me pasé dos días llorando.

Levanté el ánimo y con los datos de la chica fui a antropólogos... luego fui con ella y le hacían preguntas mucho más específicas, por ejemplo si había alguien interior... Le preguntan por las entradas y salidas de prisioneros durante el período que ella estuvo. También por el sistema de tortura. "Los interrogatorios eran por la noche -dice ella-, me acuerdo que un día trajeron al papá de él y lo tiraron contra la pared todo ensangrentado, muerto de frío". Se dio cuenta de que yo estaba delante y dijo: "Discúlpame".

Yo sentía que me estaba muriendo. "Lo tapamos con frazadas -siguió ella-, lo curamos, pero estaba bien". Me quería convencer de que estaba bien. Le siguieron haciendo preguntas, si escuchaba ruidos de aviones o de autos, si cuando la sacaron el camino era de tierra. Ella escuchaba movimientos de autos. Los antropólogos entrecruzaron la información con la que tienen y le dicen que había estado en el Vesubio y a Principios del 77.

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